Inicio del Proceso
 

Estamos participando de un acontecimiento que abre una de las paginas mas importantes en la historia de la Iglesia de Cracovia, de la Iglesia universal, y tambien de nuestra Patria. El día que conmemoramos la memoria litúrgica de San Carlos Borromeo, se ha constituido en la Catedral de Wawel, lugar tan caro al corazón de todos los polacos y tan importante en la vida y en el ministerio del Cardenal Karol Wojtyła, el Tribunal Rogatorio. Su tarea, como ya hemos tenido ocasión de saber, será escuchar testigos locales, recoger los testimonios de la vida y heroísmo de las virtudes del siervo de Dios Juan Pablo II, durante los años transcurridos en Cracovia, antes que fuese elegido Papa.


     1. La tarea del Tribunal Rogatorio de Cracovia aportará una importante contribución a la gran obra del desarrollo del proceso de beatificación, que ha sido encomendada a la Diócesis de Roma bajo la dirección del Cardenal Camillo Ruini, Vicario del Santo Padre para la ciudad de Roma. Un breve recordatorio del inicio del proceso romano seguramente brindará mayor profundidad y fortalecerá nuestra gratitud hacia el Santo Padre y hacia su Vicario – la gratitud de la Iglesia que está en Cracovia, la Iglesia que está en Roma.


Tenemos aun muy presente en nuestra memoria aquella enorme multitud que procedente de todo el mundo llegaba a Roma y esperó durante horas la posibilidad de entrar a la Basílica de San Pedro para rendir homenaje al difunto Santo Padre y para encomendarse a su inter-cesión ante Dios. Del día de su funeral recordamos también el insistente pedido de Santo subito! proveniente de las multitudes reunidas en la Plaza San Pedro. Una gran súplica de parte del pueblo de Dios y de todos los hombres de buena voluntad, para la inscripción inmediata de Juan Pablo II en el Martirologio – el Libro de los santos y beatos de la Iglesia universal. El Cardenal Camillo Ruini guardo esa petición en su corazón, la tomó en sus buenas manos y se lo presentó al Santo Padre Benedicto XVI, quien en ocasión de la fiesta de la Virgen de Fátima, el 13 de mayo – 24º aniversario del atentado contra el Papa, concedió la dispensa de la regla que establece la necesidad de cinco años de espera después de la muerte del Siervo de Dios Juan Pablo II (Karol Wojtyła). Y nuevamente recordamos aquella multitud apenada en la Plaza San Giovanni in Laterano y en la Basílica, en la vigilia de la solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, para participar en las Vísperas y del hecho histórico del inicio, por parte del Cardenal Camillo Ruini, del proceso de beatificación y canonización. Recordamos muy bien sus palabras de testimonio, pronunciadas desde el corazón, sobre la vida y actividad de Juan Pablo II - palabras que coincidían con los sentimientos del Pueblo de Dios que lo premiaba con rondas de aplausos.


     2. Santo Padre! Hoy la Iglesia de Cracovia desea confirmarte su amor, su fidelidad, su dedicación filial y la profunda gratitud por cada una de sus palabras sobre Juan Pablo II y porque Ud. – como nos ha confiado durante la audiencia general del 6 de julio de este año – comparte nuestro gozo por la apertura del proceso de beatificación. Podemos experimentar ese gozo gracias a su generosa decisión.


Señor Cardenal! La Iglesia de Cracovia le agradece con profunda reverencia y con inmenso amor porque siguiendo la voz de vuestro corazón ha tomado en sus buenas manos la gran causa de la beatificación del obispo llamado a la sede de Pedro desde la sede de Estanislao. Con enorme gozo hemos escuchado su testimonio sobre el Santo Padre Juan Pablo II como “un don a Roma y al mundo entero” (cfr. discurso del Card.Ruini, L´Osservatore Romano, 30 junio – 1 julio 2005). Nosotros, los polacos, nos sentimos conmovidos, sus palabras han quedado grabadas en lo profundo de nuestro corazón: “Concluyo, expresando, como italiano, mi profundo y especial agradecimiento a Juan Pablo II por el amor y la disponibilidad para no solo con Roma sino por toda su “segunda patria”, Italia, y agradezco desde lo mas profundo de mi ser a la Iglesia hermana de Cracovia y a toda la amada nación polaca, donde Karol Wojtyła recibió la vida, la fe y su admirable riqueza cristiana y humana, para donarse así a Roma y a todo el mundo” (Ib.) Venerado y amado Señor Cardenal deseo expresarle nuestra gratitud y todos nuestros sentimientos con una antigua expresión polaca “Dios se lo pague”.

 


Jauna Pablo II

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