De rodillas ante la Majestad de Dios
 

De rodillas ante la majestad de Dios estuvo desde siempre el Santo Padre, comenzando desde su infancia hasta el ultimo instante de su vida. Estar de rodillas ante Dios significa tener la plena conciencia de su infinita grandeza, y a la vez de su proximidad al hombre. Consciente de esta realidad y desde un corazón que ama nace la necesidad de la oración, de la humilde conversación con el Señor. Muy pronto vemos que con Dios el no hablaba solamente de rodillas, sino también postrado en tierra (ver, Kalendarium, p. 160)


     A). El amor por la oración lo traía él de la casa paterna y lo había aprendido de su padre, cuya vida después de la muerte prematura de su esposa, “se transforma.... aún más en una vida de constante oración”. Cuando su hijo se despertaba de noche, veía al padre de rodillas, de rodillas como lo veía siempre en la iglesia parroquial (cfr. Giovanni Paolo II, Dono e mistero, Librería editrice Vaticana, 1996, p.30) De acuerdo al testimonio de uno de sus compañeros de escuela “después de haber estudiado cada materia Karol acostumbraba ir a otra habitación y después de algunos minutos volvía. Una vez al haber quedado la puerta entreabierta pude ver a Karol rezando sobre un reclinatorio” (cfr. Kalendarium, p.34).


Una vida intensa y profunda de oración incluía diversas formas de conversación con Dios: desde la oración más simple de niño hasta la oración de las horas de sacerdote, y la contemplación. Tanto en Cracovia como en el Vaticano fué fiel a las diversas prácticas de piedad: la meditación diaria, la adoración del Santísimo Sacramento, el rosario, el Angelus, las letanías al Sagrado Corazón de Jesús, a la Virgen y a todos los Santos. Jamás las abreviaba, nunca las recitaba apurado; la oración tenia para él precedencia ante las demás ocupaciones. De Papa confesó que nunca había abandonado la oración del breviario.Le habían quedado profundamente grabadas en el corazón las palabras de San Anselmo: “"Os alimento con lo que yo mismo vivo". Como sacerdote era consciente que el “nuestro ministerio de la palabra consiste en manifestar lo que primero ha sido preparado en la oración.”, que ” las verdades anunciadas deben descubrirse y hacerse propias en la intimidad de la oración y de la meditación.” (En el XXX aniversario del decreto Presbyterorum Ordinis, 27.10.1995).

     B). Estar arrodillado ante Dios era sobre todo estar de rodillas frente a Jesucristo Eucarístico, porque para el Siervo de Dios, la Santa Misa era la acción mas importante y mas sagrada, constituía el centro de su vida y de cada día.


Confesaba que de sacerdote nunca había omitido la celebración del Santísimo Sacrificio. Se preparaba para la Santa Misa meditando y a su término permanecía en agradecimiento por un largo tiempo. Los clérigos de ceremonial conservan aún hoy el recuerdo de su recogimiento recitando las oraciones antes y después de la Santa Misa pontifical en la Catedral de Wawel.


Su amor por la Eucaristía lo expresaba también permaneciendo a los pies de Jesús presente en el Santísimo Sacramento. Consideraba un gran privilegio el hecho que en la casa del obispo hubiese una capilla, poder vivir y trabajar al amparo de la presencia eucarística de Cristo. Sin embargo era sabido que la proximidad de esta capilla era al mismo tiempo un gran deber “pues todo en la vida del obispo - la predicación, las decisiones, la pastoral - comienza a los pies de Cristo, oculto en el Santísimo Sacramento”. Respondiendo a este “todo”, no solamente oraba en la capilla sino que escribía - también libros, entre otros el estudio titulado Persona y acción. Hasta el día de hoy se ha conservado “el reclinatorio-escritorio”, donde el Siervo de Dios preparaba las cartas pastorales y otros importantes textos teológicos. Cuando, debido a sus ocupaciones, no le era posible estar en persona en la capilla, entraba espiritualmente “en el espacio del Santísimo Sacramento” (Giovanni Paolo II, Alzatevi, Andiamo, Mondadori, Milano 2004, p. 112-113 ).


En el Sacramento de la Eucaristía, Jesucristo, Redentor del hombre se hace presente en el Sacrificio salvífico, por El ofrecido en el altar de la cruz. Por eso en la vida del Cardenal la piedad eucarística estaba unida de un modo casi orgánico al amor por Jesús crucificado.


Le gustaba frecuentar la iglesia de los franciscanos para hacer el Via Crucis ante las estaciones pintadas por Jozef Mehoffer. Meditaba los misterios del sufrimiento de Jesús y de su Madre por las “callecitas” del santuario de Kalwaria Zebrzydowska, y el Viernes Santo se unía en oración a los peregrinos con el sermón de la Pasión en el Monte de la crucifixión. Los estudiantes-seminaristas se maravillaban con el ejemplo de su profesor quien, en los intervalos, se arrodillaba en el corredor del seminario delante de las estaciones del Via Crucis. Durante la Cuaresma se unía a Cristo sufriente cantando en su capilla – episcopal y después en la papal – los cantos de la pasión y las Lamentaciones sobre la Pasión de Jesucristo..

     C). Estar de rodillas ante Dios también significa estar arrodillado ante el Espíritu Santo. El arzobispo de Cracovia sabia que como sacerdote estaba llamado a “ser hombre de la palabra de Dios”, y que “los hombres de hoy esperan del sacerdote antes que la palabra "anunciada" la palabra "vivida". Queriendo “vivir de la palabra” implica profundizar su conocimiento; ese esfuerzo debe “estar acompañado siempre por la oración, la meditación, la súplica de los dones del Espíritu Santo.” El siervo de Dios confesaba que había orado por estos dones desde su juventud y que había permanecido fiel a esta oración. (Giovanni Paolo II, Dono e mistero, Librería Editrice Vaticana, 1996, p. 102-103).

 


Juan Pablo II

Preghiera
               
   
  Italiano Polski English Français Español Portogúes  
 
 

Contactos

 

Credits

 

Link & Banner

 

Colabora con nosotros