Karol Wojtyła buscó llegar al hombre como poeta y como actor, con la belleza de la palabra y
con la belleza presentada por medio de la palabra. Dios lo llamó a hacerlo como sacerdote y obispo, del hombre con el Verbo
que es el Redentor del hombre. Y como si fuese poco, el 16 de octubre de 1978, Dios lo llamó como sucesor de San Pedro que
llevase a toda la humanidad el Verbo que es el Camino, la Verdad y la Vida.
El lo transmitió desde las diversas formas de sus
enseñanzas, y también desde sus obras literarias, en una magnífica armonía de Verdad y de Belleza. Con toda su vida ha dicho
a Dios: Totus Tuus ego sum et omnia mea Tua sunt.